Give Me Five

Ciertamente una de las batallas más célebres que registra La Biblia, es la que se produjo en el valle de Ela, entre Israel y los Filisteos. Como era una “sana” costumbre de esos tiempos, probablemente los ejércitos convinieron que para evitar muertes innecesarias, cada bando enviara un representante. Si éste ganaba, el ejército al cual representaba también sería el triunfador.

Pareciera que después de todo, esa práctica era la mejor opción, así se evitaba un baño de sangre. Claro que las consecuencias no eran tan simpáticas, el hecho de perder la batalla, significaría la sumisión de una nación a la otra.

En este punto aparece el representante de los Filistos, el paladín Goliat, quien con un discurso violento y desafiante exige a los israelitas que envíen a su mejor hombre para enfrentarse con él. La descripción que La Bilbia hace de él es precisa, dice que medía 3 metros, la malla de protección que vestía pesaba 57 kilos, sólo el hierro de su lanza pesaba casi 7 kilos, además vestía un casco de bronce, protecciones en las piernas, una jabalina y por si fuera poco, tenía un escudero.

A él no solo había que enfrentar, sino que derrotar y Saúl con sus hombres no se atrevían siquiera a mirarlo.

En este escenario aparece David, ágil con la honda, piedra y vara de pastor, rápido de piernas, jovencito, de buen parecer, atrevido a tal grado que se ofreció a enfrentar al gigante y lo venció.

La historia la hemos contado y escuchado muchas veces. Celebramos ese grandioso triunfo y nos inspiramos en ella para animarnos a enfrentar a nuestros propios gigantes, que son tanto o más grandes que el famoso Goliat. Sin embargo repasémosla otra vez y mirémosla de más cerca.

El enfrentamiento es inevitable, David estudia al gigante, lo observa detenidamente, evalúa sus posibilidades de éxito, establece su estrategia y sale a su encuentro. En este trayecto sigue repasando lo que tiene que hacer y se pone a la distancia necesaria para iniciar uno de los diálogos bíblicos más sorprendentes que podamos leer, aquí un resumen.

Goliat: A caso soy un perro para que vengas a mi con palos. Ven aquí y daré tu carne a las aves y animales salvajes.

David: Tú vienes a mi con espada, lanza y jabalina, más yo voy a ti en el nombre del Señor de los Ejércitos Celestiales, el Dios del ejército de Israel a quien has desafiado. Hoy el Señor te derrotará, de él es la batalla y te entregará a nosotros.

Y la batalla se inicia.

1.- ¿De dónde sacaba tanta confianza David para enfrentar a esa mole viviente? La respuesta está en el punto de vista. Sí, porque el ejército israelita veía al gigante y se paralizaba, pero David veía a un hombre mortal que se atrevió a desafiar al Dios Eterno, por eso estaba seguro que vencería. El veía esta situación de acuerdo al punto de vista de Dios, no de los hombres.

2.- ¿Por qué estaba tan seguro que vencería? Porque a diferencia de lo que el ejército israelita veía, un acorazado gigante que los aplastaría sin piedad, David al ver a ese gigantón una sola idea se le pasó por la cabeza: Este hombre es tan grande que es imposible que falle.

3.- ¿Cómo es que se atrevió a ir al encuentro solo con 5 piedras y su honda? Pues era el arma que mejor sabía usar y ya había salido victorioso con estos implementos.

Entonces David empieza a correr de un lado para otro, manteniendo la distancia y haciendo girar su honda cargada. Goliat se le viene encima empuñando su jabalina, David ve la oportunidad que esperaba y lanza la piedra! La piedra se va, se va, se va…Intento fallido. No dio en el blanco. La lucha continúa. David carga su honda y volvió a lanzar y quizás tuvo que volver a lanzar, hasta que finalmente una piedra dio en el blanco. El gigante cayó muerto, Israel venció y no se supo de los Filisteos por un buen tiempo.

No podemos saber en qué intento acertó, tampoco importa saberlo, pero sí es interesante notar que David tomó 5 piedras porque sabía que podía fallar y necesitaba estar preparado para ese evento, pero también sabía que en su estrategia de batalla, una de las piedras daría en el blanco, y así fue.

Los 3 aspectos que hemos rescatado de esta historia son tan sencillos que pocas veces les ponemos atención y podemos hundirnos en situaciones con soluciones a la vista.

Pero hay un secreto…en realidad no lo es. Si bien David tuvo una estrategia exitosa que podemos hacerla nuestra también, él comienza el enfrentamiento con una certeza que es el punto de partida para el éxito del cristiano:

Las batallas son del Señor, y él entregará a los gigantes en nuestras manos.

——                                                                                                                                                        La historia de David y Goliat se encuentra en 1°Samuel 17.