Lo que Atares en la Tierra

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El participar en una asamblea de iglesia donde se va a decidir si procede el borramiento o no de un miembro, es un momento muy complicado e incómodo ya que surgen todo tipo de sentimientos y pensamientos que a varios hacen dudar si deberían estar ahí. Sin embargo, es una de las atribuciones y obligaciones que tienen todos los miembros que están registrados en los libros eclesiásticos.

El Manual de Iglesia dice en el apartado titulado Disciplina por Exclusión de la Feligresía de la Iglesia, lo siguiente:

Separar a una persona de la feligresía de la iglesia, que es el cuerpo de Cristo, es siempre un asunto serio; es la medida final que la iglesia puede administrar en materia de disciplina, es la disposición extrema que la iglesia puede tomar. Esta clase de disciplina debe usarse únicamente después que la instrucción dada en este capítulo haya sido seguida, y después que se hayan hecho todos los esfuerzos posibles para ganar y restaurar de sus malos caminos al miembro en cuestión. Cuando se pretende dar este paso, conviene consultar al pastor de la iglesia o, si está ausente, al presidente de la Asociación/Misión/Campo, antes que la iglesia tome cualquier medida.

De aquí inferimos que no se trata de un temar menor, sino todo lo contrario.

La asamble concluyó y la decisión que se tomó fue la de desglosar a la persona. Los motivos para esa determinación no son tema de este artículo, pero sí lo que sucedió días después.

La iglesia local fue informada formalmente de que la persona desglosada había presentado un Recurso de Protección ante la justicia ordinaria, con el cual se busca revertir por vía judicial la decisión tomada por la asamblea de iglesia.

El trámite fue acogido y se dio curso al juicio investigador para emitir una sanción. Sanción que una vez que se conozca, podría ser apelada por la parte afectada. En otras palabras, este caso podría durar mucho tiempo.

Entonces, lo que la iglesia ató en la tierra, la justicia civil ¿lo puede desatar en la tierra?. Sí.

Si bien se nos aconseja que los conflictos eclesiásticos se manejen en forma tal que no se tenga que llegar a la justicia civil, también el Manual de Iglesia deja esa opción pero como una última alternativa. Sin embargo, nuestro predicamento de que somos todos iguales antes Dios y ante la ley (humana) y que tenemos los mismos deberes y privilegios, en ocasiones se nos viene en contra ya que en esta igualdad, la ley protege a quien se siente pasado a llevar en sus derechos.

El pertenecer a una organización religiosa es un derecho ¿civil o religioso?, depende del prisma con que se le mire, pero sea como sea, la organización religiosa, mientras estemos en la tierra, está sujeta a lo civil. Nuestras congregaciones y organización religiosa están sometidas a normas y leyes civiles, por ende no podemos desobedecerlas, a menos que contradigan flagrantemente la Palabra de Dios.

Como civil, no cuestiono el hecho de ir a los Tribunales de Justicia para revertir una injusticia. Es un derecho que tanto católicos como adventistas, bautistas, musulmanes, taoistas, etc. tenemos. Todos estamos invitados a buscar justicia en nuestro sistema humano de justicia y en ese todos, también están incluídos quienes han sido desglosados.

El acto de haber llevado este caso a un tribunal civil, nos obliga como congregaciones adventistas a revisar nuestros procedimientos para evitar que se repitan eventos como este, porque si un Tribunal acoge la demanda, quiere decir que algo no se hizo bien, ya que el Tribunal antes de acoger la demanda, adivine qué hizo: leyó el Manual de Iglesia , sí, el mismo que usted y yo tenemos en nuestra casa, además revisó el acta que la Secretaria de Iglesia tomó el día en que se realizó el procedimiento, estimando que hay ciertos aspectos en este procedimiento que merecen ser revisados y discutidos. Procedimientos establecidos en el Manual de Iglesia que podrían no haberse seguido al momento de tomar la decisión.

Con la misma vara que medís ¿serás medido?, claro que sí. En ningún caso pensemos lo contrario.

Hay más.

Si el Tribunal falla en favor de la persona desglosada, obligando a la congregación a anular la decisión tomada en una asamblea debidamente convocada con la presencia del Pastor y dirigentes, abre la puerta para que otros sigan el mismo camino de llevar a juicio ciertas determinaciones eclesiásticas. De hecho algunos que han sido desglosados están esperando conocer la resolución de este juicio en particular.

Todo este escenario se pudo haber evitado. Sin embargo es una buena oportunidad para mejorar nuestros procedimientos y estar atento con cada resolución que tomamos en el nombre de Dios.

Lo que atares en la tierra será atado en el cielo y lo que desatares en la tierra será desatado en el cielo, dice el mensaje de Mateo. Si la ley civil nos obliga a desatar una de las más importantes resoluciones que alguna congregación pueda tomar, en el cielo, la justicia divina hará lo que es justo y no todo lo que atemos o desatemos aquí tendría su correspondencia allá, porque Dios puede ver lo que los hombres no vemos, el corazón humano, donde finalmente se anidan los motivos para tomar decisiones.

En fin, atar y desatar. Vaya qué responsabilidad nos dejó Dios.

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