Límites

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Muchas veces hemos enfrentado la pregunta ¿se puede…? ¿es pecado…? Como si estuvieran pidiéndonos permiso para algo o buscando nuestra aprobación. Esta situación suele ser recurrente cuando se está dando estudios bíblicos a futuros conversos.

En esos momentos, hay que tener la cabeza bien fría para dar la mejor respuesta posible, sin herir suceptibilidades, pero a la vez, sin rebajar la norma ni valores cristianos adventistas.

Hace años, un grupo de adolescentes se declaró “Defensores de la Moralidad y las Buenas Costumbres”. Con ese nombre cuestionaban los malos hábitos que veían entre sus iguales y promovían las correcciones necesarias. Claro que todo esto estaba rodeado de un ambiente mucho menos que serio. Lo más lejos que llegaron fue presentar ante sus amigos la nueva entidad y amonestarse entre ellos mismos.

En realidad esta agrupación era una parodia a la formalidad y reglas conductuales impuestas por la sociedad, aunque había un trasfondo interesante, todos provenían de hogares cristianos adventistas, por tanto también había una crítica a la forma en que se enfrentaban ciertas situaciones hogareñas con tradición cristiana.

Obvio que ese grupo tuvo corta vida, como dicen los programadores de computación “nació abortado”, pero hoy los adultos nos vemos enfrentados a dar respuestas a situaciones donde la moralidad y las buenas costumbres son evaluadas constantemente y quienes las promueven están bajo escrutinio constante.

En el 2003 un nuevo grupo de Jóvenes Adventistas tenía una página internet en inglés donde hacían una serie de afirmaciones que podían incomodar a cualquier miembro de iglesia. Parece que hay una edad en que los jóvenes dicen cosas que incomodan, pero que no nos dejan indiferentes. Una de las afirmaciones que más llamaba la atención decía:

La Iglesia Adventista enseña: puedes tener sexo con tu mujer, pero no puedes bailar con ella.

Golpe bajo. Claro, porque como iglesia hemos sido críticos del baile o danzas. Sin ir más lejos, en la Revista Adventista en español de marzo de 2008 distribuida en la División Sudamericana, se publicó un artículo donde se condenaba esta práctica en todas sus formas y situaciones, utilizando serios argumentos. Por lo menos para el editor eran serios y definitivos. El resumen era que en la vida del adventista no hay espacio para esa práctica.

Parece contradictorio que la Iglesia promueva que los casados disfruten de su vida conyugal al máximo, pero les niegue y hasta prohiba la posiblidad de ser una pareja de baile.

¿Será que por lograr mantener en alto las normas y buenas costumbres, estemos pasando por encima de derechos o válidas atribuciones de un grupo de feligreses? ¿Hay límites que se están traspasando? ¿Cuál es la mejor forma para enfrentar esta y otras situaciones similares?

El tema queda planteado.

————–

Pd.- Dos semanas después de haber escrito el artículo, caminaba por el centro de la ciudad y me detuve a escuchar a una orquesta que tocaría al aire libre en la plaza Bolívar del municipio Caracas. Apenas se inició el concierto, en forma espontánea parejas de adultos y adultos mayores se levantaron de sus asientos para bailar al son de los valses que la orquesta interpretaba. Los músicos y los danzantes se veían felices y el público gozaba del espectáculo.

Mientras observaba lo que sucedía, no pude evitar pensar en la frase en cuestión, en este artículo y en todo lo que rodea al tema del baile. Para alejar esos pensamientos, me dediqué a observar como las parejas, con suavidad y elegancia, se dejaban llevar por los alegres compases de la música caraqueña.

3 comentarios sobre “Límites

    Roy escribió:
    18/05/2011 en 1:50 pm

    Es interesante notar en el articulo tu comparación. Sexo con baile, segun la manera de presentar los parrafos anteriores el sexo es malo. Cosa que no comparto. Por otro lado la frase de los adolescentes tiene un grave erro: Quien inventó el sexo: Respuesta clara, Dios. Quién inventó el baile…
    No veo contradiccion, de paso el artículo adventista llevaba nombre de autor. Pregunto, cual es tu nombre?

    Cristian escribió:
    18/05/2011 en 5:12 pm

    Me parece que el tema del baile ajemplifica bien algunas situaciones donde hay que tomar una posición sobre prácticas que no se clasifican dentro de una escala de valores, declaración de principios o reglamento interno, sino que son conductuales o situacionales.

    En este tema puntual, decirle a un grupo de solteros “uds. no pueden bailar” es mucho más fácil que decírselo a un grupo de casados, es más, no veo impedimento alguno para que los casados lo practiquen. Sin ir más lejos, en cada campamento o congreso JA que asistí escuché esa advertencia, pero en ningún retiro o conferencia matrimonial la he escuchado. Entonces ¿en qué quedamos? ¿Es no rotundo, un sí con restricciones?

    Celebro la “irreverencia” juvenil porque nos ponen en situaciones extremas donde tenemos que dar una respuesta con buenos fundamentos y aún así nos seguirán cuestionando, lo que nos lleva, como miembros de iglesia, a pensar y repensar muy bien en lo que creemos y predicamos. Ojalá se levantaran varios grupos que nos pongan en aprietos, eso nos obligará a ser asertivos y cuidar nuestras declaraciones.

    Definitivamente el tema del baile da para mucho, habrán opiniones a favor y en contra, pero no me imagino llevando a mis padres a asamblea de iglesia para que sean sancionados porque los encontré bailando en su casa…pero como ya dije, hay diferentes opiniones al respecto, entonces otros sí lo harán con los de ellos.

    Saludos cordiales.

    Iván escribió:
    19/05/2011 en 8:27 am

    Me parece que, con respecto al tema del baile, nos hemos complicado demasiado. Provengo de una familia muy conservadora y eso ha marcado mi forma de pensar pero trato de abrir mi mente a la hora de tratar estos temas, y más aún, desde que en mi hogar empezamos a convivir con adolescentes.
    Lo del baile no está condenado totalmente si el lugar donde lo ejecuto es el correcto. Lo malo de esto es le ambiente. Obviamente que no voy a propiciar la asistencia a lugares de dudosa reputación o donde sabemos que hay otros peligros, para jóvenes y grandes. No podemos ignorar que el enemigo aprovecha cada oportunidad, incluso en lugares o ambientes que parecerían sanos e inocentes.
    En mi casa, cuando la música se presta, me pongo a bailar con mi beba y es algo inigualable, lo mismo pasa si lo hago con mi esposa y esto no significa que esté diciendo que estoy a favor del baile. Como dije antes el baile en sí no es malo sino que depende del lugar y el tipo de música con la que bailamos.
    He trabajado en difentes colegios de la IASD y en los actos patrios se han presentado bailes típicos o tradicionales (folclore) y nunca cayó fuego del cielo condenado lo que se estaba haciendo.
    Insisto en que hemos llevado este tema, como muchos otros, al plano de las discuciones innecesarias hasta pelearnos cuando el cristianismo es algo práctico. Todo depende de mi relación con el Señor y de la seguridad que yo tenga de la salvación. El hecho de que baile o no en mi casa con mi beba o mi esposa no va hacer que me pierda o me salve pero tampoco, me parece, que sea un tema como para levantar polémica siendo que ya muchos dolores de cabeza nos ha traído como iglesia.
    Si oramos y dejamos todo en manos del Señor vamos a encontrar las respuestas adecuadas y la orientación para saber como manejarnos. Lo importante es no herir a otros con nuestra opiniones y posturas y, por sobre todas las cosas, GLORIFICAR AL SEÑOR EN TODO LO QUE HACEMOS.

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