A Bajarse de la Barca

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La fe permitió que Pedro caminara sobre las aguas, pudiendo vivir una experiencia única. Cuando hablamos de administración de instituciones religiosas, el componente fe es importante, pero no suficiente. Con la siguiente historia se entenderá mejor la propuesta.

Había que llegar temprano para asegurar un puesto en el salón de reuniones ya que estaría presente el Presidente de la institución. Como era la costumbre cada vez que se realizaban esas visitas, se celebraría una reunión extraordinaria donde se compartirían algunos datos relevantes sobre la institución en particular y otros temas.

La reunión se inició y a los pocos minutos los presentes estaban escuchando un discurso sobre el trabajo de la institución y cómo Dios la había dirigido en ese año. Motivadoras palabras que animaban a seguir adelante en el trabajo y a esforzarse para lograr mejores resultados.

Los trabajadores escuchaban con atención asimilando los conceptos vertidos. Pocas veces en el año se podía contar con la presencia del Presidente, ya que al ser una empresa multinacional y estando la sede matriz en otro país, no era fácil realizar ese tipo de visitas ni encuentros.

En un ambiente ameno, el orador dio la oportunidad para que los trabajadores le hicieran preguntas. Una práctica cada vez más recurrente que rompe barreras, logrando acercar más todavía los niveles jerárquicos que se dan en las organizaciones.

Pero nadie se atrevía a preguntar. ¿Habría sido por verguenza, temor, indiferencia, poca costumbre de esas oportunidades?. Hubo un silencio de parte de los presentes que si hubiese caído un alfirler al suelo, habría retumbado.

En esos precisos momentos, uno de los presentes estaba dándole de codazos a su compañero del lado. El que los recibía estaba inmerso en una lucha interna… ¿le pregunto o no?. Mientras vivía ese dilema, seguía recibiendo codazos. Al finalizar la reunión, conversaron los dos y el de los codazos le dijo: es que yo sentía que querías preguntar algo y tenía que presionarte para que lo hicieras.

Fue así como se hizo una pregunta como para romper el hielo, bastante general la consulta pero ayudó a descomprimir el ambiente. La respuesta fue valorada y bien recibida. Mientras tanto, los codazos y cavilaciones tenían su show aparte.

Entonces se dio la oportunidad para otra pregunta.

Se levantó una mano y se escuchó: ¿Cuáles son los objetivos que como institución debíamos cumplir este año que estamos terminando?

Si hubo silencio sepulcral hacía pocos minutos, en ese momento si caía una gota al suelo, se escucharía como una ola de tsunami. Los codazos habían tenido efecto.

El salón estaba esperando una respuesta precisa ante una pregunta concreta. Las miradas expectantes, llenas de curiosidad se posaron sobre quien dirigía la reunión. Ahí estaba el Presidente de la institución a quien todos querían escuchar y algunos imitar. No había espacio para la improvisación, menos para una predicación.

Quien hizo la pregunta, después comentaba que apenas terminó de formularla, le basto un par de segundos para darse cuenta de que lo había puesto en aprietos. El suponía que habría una reacción de asombro ya que en el estilo de gestión practicado no era habitual el establecimiento de objetivos a alcanzar. Pero no esperaba que el efecto fuera tan demoledor.

El proceso de respuesta comenzó con miradas a las paredes donde estaban colgados retratos de pioneros Adventistas y las declaraciones de Misión y Visión de la institución.

Lo que vino después fue una reflexión de casi diez minutos sobre actividades importantes de la empresa, los motivos de ser como institución, la dirección de Dios en ella, la importante cooperación de los trabajadores y de un grupo de jóvenes estudiantes. Pero en ningún momento se supo de los objetivos. Ni una sola palabra. Ni un solo dato numérico, en una institución que vive de acuerdo a sus números  e ingresos económicos y financieros.

Fue una hermosa predicación en el momento menos oportuno.

No hubo más preguntas. A los pocos minutos la reunión culminó y los comentarios de pasillo no se hicieron esperar. Algunos celebraban el atrevimiento de la pregunta, otros comentaban la respuesta, y otros en tono de broma le decían a quien preguntó: Después que te respondió ¿por qué no aprovechaste de preguntarle por los objetivos para el próximo año?.

Cuando se conocen estos eventos, entendemos un poco mejor porque como iglesia no avanzamos a la velocidad que podríamos hacerlo. El motivo es simple: nuestros métodos de gestión están obsoletos. Seguimos creyendo que por ser el pueblo de Dios es nuestro deber subirnos a la barca, cerrar los ojos y dejarnos llevar por la corriente espiritual. Total, vamos a llegar a puerto. Con esa mentalidad, al puerto que podríamos llegar es al de la autodesaparición.

No me trate de fatalista, es cosa de conocer la historia de la empresa Superboom ubicada en la Universidad Adventista de Chile, para darse cuenta de que lo que le digo es posible. Durante años, el ciclo ha sido el mismo: organizar, producir un tiempo y cerrar.

No podemos planificar sólo con fe. Si bien ese es uno de los elementos más importantes, las herramientas administrativas y de gestión que hoy tenemos a la mano, son la parte humana que debemos poner a disposición de la obra de Dios. No se trata de mundanalizar ni secularizar la administración de instituciones religiosas, se trata aplicar en ellas herramientas que ayuden a la evangelización.

El Ingeniero Comercial Jorge Villanueva, especialista en Administración y Finanzas, ha dicho hasta el cansancio en conversaciones de pasillo y seminarios de Administración de Iglesia y Congregaciones Religiosas:

La inteligencia es creación de Dios y las matemáticas son invención divina…Hasta cuándo vamos a esperar para utilizarlas en la obra de Dios!?

Con estas palabras hace un llamado de atención a los administradores y dirigentes adventistas a no satanizar los actuales métodos administrativos llenos de números y fórmulas matemáticas, que en el actual mundo de complejidades, hacen que el proceso administrativo sea expedito, limpio, transparente, concreto, preciso y motivador, permitiendo que el trabajo sea desarrollado en forma eficaz, eficiente y también efectivo. En otras palabras, exitoso.

Para que Pedro pudiese caminar sobre las aguas, tuvo que poner de su parte. Fe implica acción. Para que Pedro pudiese caminar sobre las aguas, vaya qué cosa, tuvo que bajarse de la barca.

En el ámbito de la gestión en instituciones religiosas, hay que bajarse de la barca (acción). Esto significa salir de la zona de seguridad para adoptar herramientas contemporáneas adecuadas, que permitan un proceso administrativo saludable.

2 comentarios sobre “A Bajarse de la Barca

    Abner Jimenez escribió:
    26/04/2011 en 9:13 am

    Lastima que nuestros dirigentes no entiendan estos conceptos de administracion, dado que tratan de espiritualizar todo lo que concierne a la gestion administrativa con la teologia. Pero esto no puede imprimirle elementos a algo que funciona con la logica. En la Biblia encontramos muchos ejemplos de como la logica y lo administrativo Jesus lo dejo claramente plasmado con palabras directas, sin tratar de distorcionar elementos para hacerlos aparecer como santos o que estuvieran fuera del ambito del “templo”, pero que son directos y que no requieren de mucha explicacion Teologica: Lucas 14
    27 Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo.(A)
    28 Porque ¿quién de vosotros, queriendo edificar una torre, no se sienta primero y calcula los gastos, a ver si tiene lo que necesita para acabarla?
    29 No sea que después que haya puesto el cimiento, y no pueda acabarla, todos los que lo vean comiencen a hacer burla de él,

    Lo que pasa es que la falta de liderazgo es tan grande, que nadie sabe para donde va este barco. Nuestros lideres tanto administrativos como religiosos adventistas, ni ellos tienen claro para donde dirigir esta iglesia. Dan palos a ciegos por tratar de ganar almas solamente, pero no saben ni como hacerlo.
    El unico liderazgo que estan dando toda esa tropa de teologos espiritualizados al peo que son nuestros dirigentes de la Union Chilena, es solo destacar por sus ineptitudes, ineficacia e incapaces de poder liderar una iglesia.

    Como puedo decir eso?
    1.- ¿Que ha hecho la administracion con regulairzar las porpiedades que tiene desde el momento que pasado del derecho pivado al derecho publico? Millones de pesos se pierden y se estan perdiendo.
    2.- ¿QUe ha hecho la administracion Adventista para pagar al Cesar lo que es del Cesar cuando los colportores venden literatura Adventista? No dan voleta de los libros que venden y no se paga IVA. ¿Por que no se regulariza ese robo institucional?
    3.- ¿Que ha hecho la administracion Adventista por regularizar los sueldos de los pastores con los “beneficios” o ayudas que se dan en la declaracion del impuesto a la renta? Por un lado se dice que no son imponible las ayudas, pero cuando son despedidos, se les reconoce como parte del sueldo las ayudas y se paga el finiquito. ¿Son o nos son imponible?
    4.- Si son reconocidas en el finiquito, ¿Por que no se paga impuestos por ese reconocimiento?

    Como los laicos somos un estorbo para la administracion espiritualizada, entonces la curia adventista trata de minimizar al maximo nuestra participacion en la administracion, solo necesitan nuestros diezmos y ofrendas. Pero creo que la ineptitud no debe ser parte de lo que esperamos de los dirigentes. Al final como ellos estan en la administracion 4 años, los planes que se hacen son minimos, cortoplacistas e ineficaces. Total los recursos son para gastarlos. ¿Como lo hacen? Nunca dejaran que se intervenga. PEro que pasaria si pedimos a la Contraloria General de la Republica intervenga? No somos una institucion de derecho publico? Ojala se llevaran presos a toda esa tropa de administradores santurrones (habran excepciones) pero son mas los ineficaces que los verdaderos.

    Es hora de bajarse de la barca?..creo que si…no sabemos para donde va….dicen que va la Canaan Celestial…

    Abner Jimenez

    Cristian escribió:
    26/04/2011 en 5:23 pm

    Creo que un remezón administrativo sería una buena medicina. Con eso me refiero a efectuar evaluaciones precisas y al punto, dejando de espiritualizar los números, finanzas, proyectos y objetivos.

    Los mejores ejemplos de evaluación los encontramos en la Biblia desde la misma creación ya que después de la obra creadora de cada día, dice “Dios vio que era bueno” y esperamos una evaluación futura cuyos resultados se verán en la venida de Dios.

    En otras palabras, Dios es un Dios evaluador y las consecuencias se hacen notar. Si aplicáramos esa misma práctica, estoy seguro que nos ahorraríamos muchos inconvenientes y problemas.

    Es cierto que hemos metido la pata hasta el fondo en ciertos aspectos administrativos los cuales tarde o temprano nos pasarán la cuenta, pero no es menos cierto que como laicos tenemos una responsabilidad que asumir por haberlos permitido teniendo las herramientas reglamentarias y conocimientos técnicos para haberlos impedido a tiempo.

    A partir del relato, que no es el primero que he conocido de ese tipo de situaciones, me parece que una generación administrativa que logró avances preciosos para la obra debe permitir que una nueva mentalidad asuma responsabilidades evangelizadoras. Esto no es nuevo, ya lo publicaron acá en Sembramos como Nunca.

    La IASD sigue creciendo y no dejará de hacerlo, pero sabemos que podemos ir mejor en todos los aspectos. Sin temor a equivocarme, creo que hacia allá apuntamos todos.

    Este tema está interesante, así que a bajarse de la barca para caminar sobre las agua.

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