Consumado es

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Hay frases que traspasan el tiempo y quedan en la memoria colectiva, esto se da bastante en el cine, por ejemplo al escuchar “soy tu padre” evocaremos la escena de El Imperio Contraataca; si escuchamos “I’ll be back (volveré)” la asociaremos con Terminator. Si de problemas se trata, “Houston, we have a problem!” de Apollo 13 es recurrente, y quién no se ha presentado alguna vez con el “I’m Bond, James Bond“.

En La Biblia podemos encontrar frases importantes e inolvidables.

Permítame hacer una selección personal y colocar entre las más trascendentes: “deja a mi pueblo ir” (Exo. 5:1) en inglés suena con más fuerza “let my people go“, este era el mensaje de Dios para el Faraón entregado a través de Moisés. Hay dos frases que me impactan enormemente, están en Mateo 8:2, 3 y se trata de la petición de un leproso y la respuesta de Jesús. Esta escena la recrea de una forma cautivante la película Matthew:

  • Leproso: Señor, si quieres, puedes limpiarme.
  • Jesús: Quiero, sé limpio.

Pero hay una que la considero la más impactante de todas, provoca detenernos a reflexionar y no deja indiferente a nadie, la encontramos en Juan 19:30,  Consumado es.

Son palabras de Jesús y a través de ellas está declarando que todo lo que fue planeado desde tiempos inmemoriales allá en el cielo remoto, estaba teniendo su cumplimiento en aquella oportunidad. La misión estaba siendo cumplida, completada.

Consumado es, en inglés It is finished, nos dice que ya nada falta por hacer. Pero el significado va mucho más allá de la sola expresión de terminado, ya que no solamente se había hecho todo, sino que el todo se había hecho en forma perfecta. Ahora faltaba la aceptación del Padre.

Entonces los conceptos que encierran esta corta frase son victoria, triunfo y redención. Conceptos que en esa hora habían sido ganados por el Hijo de Dios.

Sabemos que son las últimas palabras del Maestro antes de morir y que posterior a esas palabras se sucedieron extraños acontecimientos naturales y sobrenaturales en toda la región de Jerusalén. Si ya habían tinieblas en pleno día, a eso se le sumó un violento terremoto que obligó a la gente a arrancar para protegerse y como consecuencia de este movimiento, sepulcros fueron abiertos y la tierra devolvió a personas que habían muerto, las cuales se presentaron en Jerusalén ante sus seres queridos y líderes religiosos como testimonio de que el que había muerto en la cruz, verdaderamente, era el Hijo de Dios.

No cabe duda de que esas horas deben haber sido de gran expectación y recogimiento. Por mucho tiempo debió comentarse lo que pasó con el nazareno y los eventos que se sucedieron después de haber dicho “consumado es”.

Y como la vida, ministerio y posterior sacrificio de Jesús fue perfecto, Dios le levantó de los muertos y salió de esa tumba venciendo para vencer. Al igual como ocurrió en su muerte, en su resurrección la naturaleza se conmovió al extremo, se sucedieron eventos naturales y sobrenaturales visibles para todos, desde un nuevo terremoto hasta el glorioso ángel que a la vista de la guardia romana que custodiaba la tumba, movió la piedra y verbalizó el mandato celestial: Jesús, Hijo de Dios, sal fuera!

Pocos días atrás, Jesús mismo había dado esa orden para resucitar a Lázaro y ahora él estaba recibiendo esa orden celestial. No deja de sorprender.

Extraordinarios acontecimientos…

Extraordinarios acontecimientos serán los que se vivirán cuando a ese mismo Jesús que fue inmolado en la cruz, lo veamos sentado a la diestra de Dios Padre y viniendo en las nubes del cielo. Porque tal como subió al cielo, de la misma forma como fue tomado de entre los mortales, le veremos regresar con las huestes angelicales, con grande poder y gloria. Todo ojo le verá, incluídos aquellos que le traspasaron y escucharon sus últimas palabras. Y entonces los que murieron con la esperanza de que regresará, resucitarán, los que estén vivos serán transformados para que finalmente todos, como un gran pueblo, seamos arrebatados para reunirnos con él en el cielo.

Pero para que ocurran estos sublimes eventos, se debe escuchar en el universo entero las mismas palabras de victoria, triunfo y redención que se dijeron dos mil años atrás, en Jerusalén: Consumado es (Apoc. 21:6).

Estas palabras son de victoria, el costo por decirlas la primera vez desde la cruz fue demasiado alto como para que podamos cuantificarlo, pero los beneficios al ser pronunciadas por segunda vez, serán de tan largo alcance que faltará eternidad para dimensionarlos.

Ojalá muy pronto escuchemos: Consumado es.

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