Getsemaní

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Después de que hubieron participado de la cena, cantaron un himno y partieron rumbo al Monte de los Olivos, deteniéndose en un huerto llamado Getsemaní.

Fue en ese lugar donde la agonía que Jesús estaba experimentando tuvo reacciones físicas visibles. La presión sumado al sufrimiento emocional, espiritual y físico que estaba experimentando le estaban pasando la cuenta.

Había que tomar la decisión más trascendente, no había mucho tiempo y las opciones no eran muchas, en realidad eran sólo dos..

El cielo contenido sin poder actuar como quisiera, tuvo que permitir que el enemigo se acercara a Jesús y comenzara a cuestionarle el sacrificio que tenía propuesto realizar. Tal como al inicio del ministerio terrenal, en el desierto después de la experiencia del Jordán, Satanás y Jesús se estaban enfrentando nuevamente, cara a cara. Ambos, investidos de un poder sobrenatural, se enfrascarían en una lucha a muerte, o en una lucha por la vida.

Así encontramos a Jesús en medio del huerto orando, buscando refugio en la Roca Eterna, protegiéndose bajo la sombra del Omnipotente. El Hijo del Hombre habla con su Padre y le dice:

Por favor, si es posible, este sufrimiento aléjalo de mi.

La humanidad afloró en toda la expresión de la palabra. Seguramente con lágrimas en sus ojos y la voz entrecortada le suplicaba a su padre por ayuda, por una salida, por una alternativa que no fuera tan extrema. Sin embargo su plegaria no terminó ahí:

Pero no se haga como yo quiero, sino como tú quieres.

Años antes, en el sermón del monte Jesús había compartido con sus seguidores lo que conocemos como el Padre Nuestro y tiempo después sus discípulos en la privacidad le dijeron “Señor, enséñanos a orar”. La oración modelo, simple pero profunda tiene en su parte medular una frase que nos permite ofrecernos para cumplir los propósitos de Dios, y esa noche Jesús estaba repitiendo sus propias palabras y enseñanzas:

Padre…hágase tu voluntad en el cielo y en la tierra.

Hágase tu voluntad, palabras que Juan Bautista debió haber repetido muchas veces para explicarse lo que parecía inexplicable, ya que veía cómo la Deidad le negaba la posibilidad de ser liberaro de la cárcel donde Herodes lo tenía prisionero. Jesús, su primo, que andaba haciendo milagros extraordinarios, sanando todo tipo de enfermos, expulsando demonios, resucitando muertos y quien incluso llegó a afirmar mientras el Bautista vivía, que nunca más se levantaría otro hombre nacido de mujer más poderoso que Juan, no lo fue a visitar a la prisión. Pero eso no era impedimento para que Jesús realizara un acto sobrenatural, porque aún a la distancia podría haber dado una simple orden y salvarlo de la muerte, tal como lo hizo con el siervo del Centurión.

Pero liberar a Juan no era la voluntad del Padre.

Padre, si es posible…pero hágase tu voluntad, repetía un exahusto Jesús, pero el silencio indicaba que se le estaba negando tal posibilidad. La respuesta era clara, liberarlo de la cruz no era la voluntad del Padre.

Mientras se desarrollaban estas escenas, sus tres amigos más íntimos dormían cerca, su única compañía eran los olivos quienes en silencio y con dolor observaban la lucha fraticida que se estaba desarrollando y esos árboles sabían la presión a la cual estaba siendo sometido su Creador.

Triturar

Getsemaní se puede traducir como “prensa de aceite”. Para que tomara ese nombre muy posiblemente en ese mismo lugar o muy cerca, se “fabricaba” aceite. El aceite se extrae del fruto del Olivo, la aceituna. En los tiempos del Nuevo Testamento se colocaban sobre un recipiente donde una pesada piedra de molino movida por un animal, iba triturándolas poco a poco. En este proceso se agregaba un poco de agua hasta convertir las aceitunas en una sustancia pastosa. Para lograr ese resultado, era neceario pasar una y otra vez…una y otra vez…y otra vez más la piedra de molino sobre las aceitunas. Triturar.

Luego, esa pasta resultante se recogía en canastos especiales que eran colocados uno sobre otro en una prensa, donde se los aplastaba con tal presión que finalmente se lograba conseguir que fluyera en forma líquida, el preciado aceite. Aplastar.

Aplastar

Lo que se extraía con la primera prensada se podía utilizar para actividades religiosas como ungimientos ceremoniales de reyes, sacerdotes y otras actividades del templo. Lo que se conseguía a partir de la segunda prensada se usaba para el consumo doméstico.

Jesús estaba siendo “prensado” en el huerto del Getsemaní. Tuvo que ir tres veces a buscar ayuda y soporte a través del único medio disponible, la oración.

Jesús estaba siendo triturado al extremo, tal como el fruto del Olivo, claro, no podía ser de otra forma ya que estaba en medio del Getsemaní, al interior de una “prensa de aceite”. Sólo la compañía de un ángel logró que su agonía y sufrimiento no terminaran con su vida en ese momento, porque estaba experimentando en carne propia la ira de Dios.

Ira de la cual tenemos oportunidad de librarnos, porque de la ira de Satanás podemos recuperarnos, pero ¿quién de nosotros podrá salir vivo si llega a caer en las manos del Dios vivo?

Hoy en Jerusalén puedes caminar por el huerto de Getsemaní y observar los olivos que están allí desde hace más de dos mil años. Si tienes la oportunidad, no dudes en preguntarle a esos milenarios árboles testigos de la agonía de Jesús, cómo vivieron esa noche de jueves.

Es seguro que las respuestas que escucharás, no las olvidarás jamás y Getsemaní tendrá un nuevo significado para ti.

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