A Menos Que… – Parte II

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El tema de esta serie trata sobre la corta vida que tienen las elecciones que se hacen en Congresos. Para describir esta situación se citó un ejemplo en pleno desarrollo donde el 50% de las elecciones, fue modificado por la Junta Administrativa del campo, en el transcurso de un año. Lea la Parte-I aquí.

No se ha puesto en duda la validez de esta herramienta de trabajo, la que es conocida y aceptada por los miembros de la IASD, pero la resistencia a esa práctica nace a partir de la frecuencia con que se la utiliza. Además, de esa forma se está enviando un mensaje desalentador a quienes asisten a congresos ordinarios como delegados, ya que su trabajo eleccionario al poco tiempo se ve severamente modificado.

Dijimos que además de la Junta Administrativa del campo, habían 2 actores importantes:

1.- Los dirigentes que son cambiados: se les escucha decir “yo no me niego a ningún llamado”, desde ahí todo partió mal. De esta forma están declarando su absoluta sumisión y voluntad a aceptar lo que se les pida. La soga que se ponen al cuello es grande, ya que con estas aseveraciones creen que están haciendo un gran favor a la obra, pero se transforman en hoja seca donde cualquier viento les sirve, y eso de verdad molesta porque no se les puede confiar ningún proyecto ya que a la primera de cambio, lo abandonarán. Como en toda regla hay excepciones, pero son excepciones.

La IASD ni ninguna de sus instituciones exige ni pide a sus miembros o trabajadores votos de obediencia, jamás lo ha hecho y no hay motivos para pensar que eso cambiará. Y quienes hemos asistido a congresos y votado por los nuevos dirigentes, tampoco exigimos de ellos sumisión. En realidad solo esperamos que den el 110% de sus capacidades y habilidades para desarrollar las nuevas tareas que se les propusieron y que decidieron asumir voluntariamente.

Tampoco se trata de cortar las alas de los misioneros y obligarlos a estar en un lugar hasta que termine su periodo. Hay situaciones donde los cambios son necesarios y saludables para ambas partes, pero a nivel diregencial, hay que hacerlos la menor cantidad de veces posible.

Entonces se trata de permitir que los objetivos trazados y confiados a personas específicas puedan ser concluidos. Se trata de eliminar la improvisación que se produce con los cambios. Se trata de que los dirigentes elegidos sientan que cuando aceptaron llevar adelante un departamento de la iglesia, se están comprometiendo con cada miembro de ese campo a llegar hasta el final, a pesar de las adversidades. Se trata de dar la autonomía suficiente a cada dirigente para decir no a un posible llamado.

Hay 2 conceptos que son necesarios aclarar: incondicionalidad y lealtad. La incondicionalidad es ciega y lleva a cometer excesos o a actuar sin pensar. El incondicional frente a la pregunta qué hora es, responde, la que usted diga. La incondicionalidad lleva a la mediocridad.

La lealtad, en cambio cuestiona, niega, aprueba, estudia, analiza, acepta y rechaza. Y en los congresos de campo cuando hemos elegido, esperamos Lealtad de nuestros dirigentes para con la iglesia y su misión, nunca jamás les exigiremos incondicionalidad. Y a partir de esa lealtad es que creemos que tienen la libertad para aceptar o no los llamados.

Lealtad ante todo. A veces ser leal duele y a otros incomoda.

2.- El mundo laico: la pasividad con que se reacciona a estos cambios, asusta. Se asume, casi con resignación, que todo es la voluntad de Dios y contra eso nada se puede hacer. Por tanto, pedir explicaciones respecto de los cambios se considera un acto de desconfianza.

La pasividad nos convierten en cómplice. Cómplices del abuso de buenas prácticas que finalmente se convierten en acciones perjudiciales para el avance de la obra. Perjudiciales porque interrumpen el acomodo de piezas y funcionamiento de planes, teniendo que empezar todo otra vez, perdiendo tiempo y recursos que no se recuperarán.

Entonces ¿qué pueden hacer los laicos? Involucrarse activamente en las actividades y toma de decisiones de la iglesia. En la Facultad de Administración estudié una asignatura llamada Control de Gestión, pues bien, el laico tiene que asumir esa tarea. Controlar sabiamente los negocios sagrados, tal como la Asamblea de Iglesia Local controla las decisiones de la Junta de Iglesia y pide explicaciones.

Hay sin fin de mecanismos para controlar, es cosa de usarlos de buena manera. Un buen punto de partida es trabajar con el Annual Statistical Report, documento que describe numéricamente el comportamiento de las diferentes Divisiones e Instituciones que forman la IASD. Para más detalles, visite  http://ast.gc.adventist.org/

Para finalizar.

En la Biblia hay 2 ejemplos  que no nos pueden dejar indiferentes de como reaccionar frente a situaciones similares.

Elí el sacerdote, recibió de parte de Dios y luego a través de Samuel, la triste noticia de que su familia sería humillada y prácticamente exterminada. Como señal, sus dos hijos morirían el mismo día. Frente a este terrible panorama, Elí respondió: “Jehová es, haga lo que bien le pareciere” 1°Sam. 3:18.

Moisés también recibió un mensaje de Dios que decía según Exo. 32:10 “déjame que mi ira se encienda en ellos y los consuma, y de tí yo haré una nación grande”. La reacción de Moisés fue muy diferente a la de Elí, empezó diciendo “Oh Señor, ¿por qué se encenderá tu furor…” Al leer los argumentos de Moisés, nos damos cuenta de que se trató de una intercesión atrevida y audaz. Si Elí hubiese intercedido por sus hijos como Moisés por el pueblo, quizás otra sería la historia.

Hoy necesitamos dirigentes y laicos con el mismo atrevimiento de Moisés, que puedan darse cuenta de cuando prácticas buenas las utilizamos equivocadamente, que promuevan la palabra no, que destierren a los “Yes Sir” o Elí, y que alcen la voz en el momento oportuno.

Quienes pertenecemos a la iglesia, lo agradeceremos. Por supuesto, a menos que.

7 comentarios sobre “A Menos Que… – Parte II

    Observador escribió:
    20/02/2011 en 12:05 pm

    ¿Y cuáles son los medios oficiales administrativamente para expresar este atrevimiento?

      Cristian escribió:
      21/02/2011 en 11:20 am

      Creo que a través de la Junta de Iglesia, que obliga a las entidades superiores a emitir una respuesta. El punto es que pocas veces la Junta pregunta y las posibilidades de respuesta son pocas. Esto es por la falta de costumbre de preguntar y esperar respuesta y por que no estamos acostumbrados a que nos pregunten.
      Sería bueno iniciar ese tipo de ejercicios. Cada cambio tiene que tener un motivo muy grande para llevarlo adelante, sino sería como el juego de la sillita musical, todo el mundo cambiándose de silla cuando empieza la música (llamados).

        Observador escribió:
        24/02/2011 en 12:31 am

        Las juntas son presididas, normalmente, por el pastor distrital. Pero su jefe no es la Junta, sino que sus dirigentes de Campo.
        Eso pone al pastor en una situación muy incómoda, por decir lo menos. Está en medio, por tanto intentará suavizar ambas posiciones. O, en el peor de los casos, preocuparse por su futuro laboral…

    Cristian escribió:
    21/02/2011 en 11:25 am

    ¿Hay presupuesto para pagar todo lo que significan esos movimientos, gastos de traslado, cambios de ciudad, arriendos, colegio de hijos, seguros, equipos de trabajo, etc?
    ¿Quién hace el desembolso? ¿Hay presupuesto para eso? ¿Quién audita la efectividad de esos cambios?
    Si pensamos que es en el siguiente congreso, buena suerte, ya que ahí no hay tiempo ni interés en hacerlo, ya que no se dice nada de eso en los informes presentados. Triste realidad, pero como dice el título del artículo, a menos que….

      Observador escribió:
      24/02/2011 en 12:28 am

      No existe un ítem “traslados” en los informes. Sería muy provechoso conocer cuánto se gasta en ese aspecto. Y luego ver si se justifica.

    Abner Jimenez escribió:
    02/03/2011 en 7:47 am

    Cristian,

    el problema que cada vez se va sumando a este estado de cosas que pasan en la administracion de la IASD, es que a medida que pasa el tiempo, los miembros de iglesia laicos, cada vez se estan tornando mas indiferentes a lo que esta pasando en la administracion despues de cada congreso. Uno de los ancianos de una iglesia dio su opinion en una consulta respecto a que era lo que pensaba de los cambios realizados en la Asoc. “No estoy ni ahi con lo que los dirigentes de la Asoc. hagan” Yo voy a disfrutar y hacer mi trabajo en mi iglesia local y no me interesa lo que ellos decidan o hagan”. Este tipo de comentario deja reflejado un pensamiento que esta permeando a toda la membresia. Mas aun cuando este anciano es dirigiente de Jovenes de la Iglesia.
    Otros estan al tanto y no hayan que hacer para ser escuchados, pero en definitiva dicen:” ya estoy tan quemado con la administracion, que realmente no vale la pena reclamar, total al final igual salen con la suya, asi que lo que yo opine es irrelevante”. En definitiva, vemos que la indiferencia que se ve en varioas aspectos sociales, tambien afectan nuestra iglesia. Ya no hay compromiso, porque los pastores y dirigentes de nuestra IASD se han preocupado de regar la indiferencia y el des-interes en los miembros para que ellos se sientan libres de ire al infierno como ellos (los dirigentes) quieran.

    Amen

    Abner Jimenez

      Cristian escribió:
      05/03/2011 en 8:44 pm

      Es verdad que hay indiferencia, uno lo puede percibir en los congresos cuando se da cuenta de que los que hacen observaciones en las sesiones son los mismos 20 hermanos, de los 250 presente. Ese evento más parece un paseo o retiro espiritual que una reunión de análisis de gestión administrativa.

      Me llama la atención esta indiferencia porque en países más “seculares” que coinciden con ser países desarrollados, los laicos tienen un rol sumamente activo y las instituciones Adventistas los buscan para conocer sus opiniones. Claro, el crecimiento en esos lugares es muy bajo, no les queda otra dirá alguien, pero nosotros que todavía crecemos más que ellos, tenemos que aprovechar esta situación y como laicos involucrarnos como sea en la toma de decisiones.

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