A Menos Que… – Parte I

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Hay una canción infantil que empieza diciendo: “Yo tenía 10 perritos, yo tenía 10 perritos, uno se me fue a la nieve, no me quedan más que nueve. De los 9 que me quedan…” Y así por diferentes situaciones la cantidad de perritos baja hasta que al final se llega a cantar: “…no me queda ningún perro”.

Dejemos los perritos tranquilos por ahora y pasemos a algo más trascendente.

Todas las instituciones, no importando su clasificación, tienen una estructura administrativa. La IASD no escapa a esto ya que es una forma práctica para administrar con orden y diligencia.

Para construir esa estructura se realizan Congresos que duran varios días. A este evento asisten en calidad de delegados con derecho a voz y voto, una cantidad importante de laicos y misioneros quienes a través de discusiones, propuestas y votaciones, eligen a los nuevos dirigentes para el siguiente período que puede ser de 3, 4 años o más. Todo este evento está envuelto de un ambiente sacro, con cánticos, mucha oración y predicaciones inspiradoras que predisponen el espíritu para realizar un trabajo de acuerdo a la voluntad de Dios.

El día de su clausura, generalmente la máxima autoridad eclesiástica presente dice algunas palabras, desde el clásico “el próximo congreso queremos hacerlo en el cielo”, hasta frases como: “hemos sentido la presencia de Dios en nuestro medio”; “la elección resultante estamos seguros ha sido la voluntad de Dios”; “estos son los hombres y mujeres que dirigirán el campo hasta el siguiente congreso”. A menos que.

Otra manera de formar la misma estructura de administración es a través de la Junta Administrativa del campo que recoge sugerencias de otras entidades de la organización, o sencillamente ve la necesidad de hacer ajustes en su equipo ejecutivo.

Esta última práctica es validada por los estatutos y reglamentos de la IASD, pero de un tiempo a esta parte, está siendo una costumbre recurrente, hasta llegando a ser utilizada sin control.

Un ejemplo en pleno desarrollo. El Congreso de una Asociación celebrado en Nov/2009 eligió 8 directivos para el período que concluye en el 2013. A comienzos del 2011 esa cantidad había aumentado a 9, de los cuales 3 fueron elegidos por la Junta Directiva del campo y falta elegir al Dep. de Publicaciones ya que el que eligió el Congreso fue removido por la misma junta. Además, la persona que el Congreso eligió para dirigir el Dpto. de Jóvenes, al poco tiempo la Junta Administrativa lo cambió al Depto. de Evangelismo.

Sumando y restando, el 50% del trabajo de elecciones que se hizo en el congreso ha sido modificado y todavía faltan 3 años de gestión. Esto no es menor porque los dirigentes tienen 2 y 3 departamentos a su cargo lo que mover a 3 personas significa reestructurar la forma de trabajo de hasta 9 departamentos importantes de la Iglesia.

Además, no deja de llamar la atención que la misma Junta Administrativa de ese campo, en 18 meses ha cambiado 2 veces al Tesorero elegido por congresos ordinarios. Veamos el sigte. cuadro:

Evento Eligió a…
Congreso de Campo 2006 Tesorero 1
Junta Administrativa 2009 Tesorero 2
Congreso de Campo 2009 Tesorero 2 (fue ratificado)
Junta Administrativa 2010 Tesorero 3

Esta manera de proceder es cada día más resistida porque primero, permite cuestionar seriamente la validez de las decisiones que se toman en un congreso debidamente convocado y segundo, da oportunidad para que se levanten suspicacias del porque de los cambios.

Es impopular y cuestionada. ¿Cuestionada? Sí, porque desde un congreso en el cual más de 250 personas en su mayoría laicos, estuvieron varios días debatiendo y votando para elegir a los nuevos dirigentes, se pasa a un grupo menor a 25 personas con una mínima representación laica, que en medio día puede realizar cambios y echar por la borda el trabajo realizado en el congreso anterior.

Entonces, en el tema de las elecciones: ¿Para qué sirve un congreso? ¿De qué sirve elegir si la elección se modifica al poco tiempo?

Están las interrogantes sin resolver: ¿A qué obedecen tantas modificaciones? ¿Hay intereses personales en estos cambios?

También están las preguntas de gestión: ¿La Iglesia se beneficia cambiando a sus dirigentes constantemente? ¿Cómo se afecta el logro de los objetivos del período con estos movimientos dirigenciales?

Si embargo en esta película hay más personajes que son actores principales aunque se piense que no lo son.  Además de 1) la Junta Administrativa, están 2) los dirigentes afectados por los cambios y 3) el mundo laico. Estos dos últimos tienen mucho que decir y por supuesto tienen responsabilidades que asumir. Situaciones que se evaluarán en una próxima entrega.

Pero en fin, es mejor cantar.  “Yo elegí 8 dirigentes…no me quedan más que cuatro” en sus cargos originales, hasta hoy.

Por supuesto, a menos que…

4 comentarios sobre “A Menos Que… – Parte I

    Observador escribió:
    19/01/2011 en 2:37 pm

    Bueno, estos últimos 2 o 3 años han sido de muchos cambios por junta directiva de Unión. Administradores de Campos e instituciones han sido trasladados y removidos, generando inestabilidad administrativa en las instituciones que dirigen.
    Sin ir más lejos, recientemente fue cambiado el Rector de la UNACH, luego de haberse obtenido la acreditación -para la que una de sus condiciones era la estabilidad de los administradores- y estabilizado sus cuentas. Actualmente su nuevo Rector es un pastor, doctorado en Teología.
    El Tesorero de un Campo fue puesto a cargo de la Clínica en Los Angeles, cargo que hace 2 o 3 años ocupó una persona sin ningún título.
    En Los Ángeles también, en el CEALA, está el antecesor de la Tesorería de ese mismo Campo.
    En conversaciones de sobremesa, la sensación es que quienes se van, es porque no opinan lo mismo que el Presidente de la UCH (hay casos concretos, como CNT -que luego del cambio de director, vio mermado su personal- y la UNACH, en donde el rector saliente no estuvo de acuerdo en un tema con el mencionado dirigente).
    En resumen, una dirigencia piramidal, vertical, en donde debe decirse “amén” y no “pienso que”.
    También un perfil de los nuevos dirigentes es que son personas de poca iniciativa, leales a la persona que los dirige -por sobre la lealtad a la Institución y la Biblia-, jóvenes y “moldeables”. Es decir, permiten llevar a cabo los planes de la dirigencia, con menos ripios que teniendo a personas propositivas y de opinión más abierta.
    De otra forma no se entienden nombramientos como por ejemplo, a los ya mencionados, poner de Director de un colegio, a un Pastor, que su única experiencia ha sido ser capellán.
    ¿Y qué pasa con los que tienen iniciativa, con los que han estado en desacuerdo con la administración de la UCH o son de experiencia? Son trasladados a lugares donde no tienen peso sus decisiones. Léase: Un distrito, CEALA, Clínica, cargo intermedio en la UNACH, etc.
    ¿Quién evalúa y fiscaliza todo esto? ¿Quién informa las razones de estos cambios?
    ¿Cuáles son los criterios para hacer estos cambios?
    ¿Mantener a la hermandad bajo el secretismo en estas y otras decisiones, es un consejo inspirado?

      Cristian escribió:
      19/01/2011 en 5:54 pm

      A partir del comentario, me parece que al confundir Unidad con Uniformidad se provocan los sucesos aquí descritos.
      La forma para evaluar si todo esos movimientos dan resultados es analizando los informes de gestión de cada campo que se publican anualmente en el Annual Statistical Report.
      Lo otro, es crear lo que varios vienen proponiendo desde hace tiempo, un wikileaks adventista. No sé si a modo de broma fue esa propuesta, pero ya no parece tan gracioso sino que poco a poco se está tornando en algo más serio.

    Cristian escribió:
    19/01/2011 en 5:42 pm

    Sabemos que modificaciones a nivel de directivos son necesarios hasta recomendables cuando se dan ciertas circunstancias, pero frente a una cantidad importante de cambios en un período tan corto, como el ejemplo que se da en el artículo, considerando la forma como se realizan las elecciones en un congreso, en base a mucha oración, salta inmediatamente la pregunta ¿en ese congreso, la elección resultante fue la voluntad de Dios? y si lo fue, ¿Dios cambió de opinión en forma tan drástica en pocos meses para desestimar el trabajo realizado? y por último, ¿qué tanto pesa el componente humano para provocar estos movimientos?.
    Definitivamente hay procedimientos que deben ser revisados, controlados y si es necesario hacer modificaciones, deben tener un sustento muy fuerte que no deje lugar a dudas que era la mejor alternativa de todas las posibles.
    Los equipos exitosos son aquellos que logran estar el mayor tiempo posible trabajando juntos, por eso, en gestión se aconseja tratar de unir fuerzas y a partir de la diversidad de conocimientos y pensamientos buscar unidad de acción. Creo que hacia allá deberían apuntar las futuras administraciones eclesiásticas.

    Observador escribió:
    19/01/2011 en 8:08 pm

    Dios está al control. De eso no hay duda.
    Pero no todo lo que ocurre es por la voluntad de Dios. Puesto que El respeta nuestro libre albedrío, tenemos el poder de hacer cosas que Dios no habría querido que hiciéramos -como Eva comiendo del fruto prohibido, por ejemplo-. Esto también se aplica a las decisiones de la Iglesia. El Espíritu de Profecía envió numerosos mensajes a los dirigentes, amonestándolos por no actuar conforme a la voluntad de Dios.
    Para deshacerse de tan “molesta mensajera”, fue “deportada” a Australia. ¿Podríamos esperar menos de hoy?
    ¿Decir lo malo que ocurre en nuestra Iglesia es pecado?
    ¿Mateo 18 es la solución?
    ¿Qué hizo Jesús con los dirigentes de Iglesia cuando vino a la tierra?
    Me parece que estas 3 últimas preguntas podrían generar un interesante artículo.

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