Fuego Sagrado

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Durante el 2010 y 2011 algunos países americanos habrán celebrado 200 años de vida como nación libre e independiente.

Valientes hombres y mujeres dieron sus vidas para que el movimiento emancipador tuviera éxito, algunos vivieron en Europa y hasta pelearon en ejércitos revolucionarios donde se impregnaron con ese grito de libertad, igualdad y fraternidad que luego llevaron a sus pueblos, mientras otros en el continente americano acariciaban las mismas ideas.

Podemos nombrar a J. Sucre, J. San Martín, C. Soublette, B. O’Higgins, J. M. Carrera, M. Belgrano, Manuela Sáenz, Javiera Carrera, pero la lista por supuesto que es más larga.

Sin embargo por sobre estos grandes nombres, hay 3 que destacan sobremanera a nivel continental y mundial.

Andrés Bello, el Humanista de Latinoamérica, traspasó sus ideales libertarios tanto en Europa como en América a una camada importante de jóvenes que lucharon por la independencia de sus pueblos. Entre ellos está el segundo de esta lista, de quien fue maestro directo, Simón Bolívar. Bolívar es el militar más importante del continente, único personaje que en vida recibió el título de Libertador. Hoy, seis países lo reconocen como Padre de la Patria, y uno de ellos, su nombre lo tomó de Bolívar.

Al más grande de los 3 se le conoce como El Precursor. Amancipador de fuste que participó en la Revolución Francesa, en la Independencia de EEUU y en la Hispanoamericana. Su ideario libertario involucraba a toda la América y sus postulados fueron la base para la independencia de los pueblos. Fue amigo de Bello, mano derecha e inspiración para Bolívar, y Napoleón dijo de él: A ese hombre le arde en el pecho el fuego sagrado del amor a la libertad. Se refería a Francisco de Miranda.

Gran parte de la empresa independentista americana tuvo su origen en las reuniones secretas dirigidas por Miranda en Londres. Allí un número reducido de hombres de diferentes pueblos americanos hablaban y planeaban la libertad. Allí, los 3 amigos soñaban con algo que los unía y motivaba sobremanera: la independencia de su patria, Venezuela. Finalmente, con Bolívar y Miranda en Caracas más la ayuda de Bello desde Londres, la independencia se concretó el 5 de Julio de 1811.

La historia de América y su proceso de independencia es hermosa. Cada país tiene sus héroes, relatos que llenan de orgullo a sus ciudadanos y tiene lugares casi sagrados donde se honra la memoria de los libertadores. En Caracas, desde 1875 existe el Panteón Nacional, una antigua capilla donde están sepultados imporantes hombres y mujeres de la historia venezolana. Allí también destacan el monumento al Humanista Bello, el del Precursor Miranda y además es el lugar de descanso de los restos de Simón, el Libertador Bolívar.

Todas las hazañas de estos héroes significaron sangre, sudor y lágrimas, sin embargo son un pálido reflejo de lo que costó la victoria lograda en la cruz. Una lucha sin cuartel ni límites, que se dio por miles de años en la tierra y quien sabe por cuánto tiempo en el cielo anterior al Génesis.

Es imposible ahondar en calificativos para describir las luchas feroces entre el bien y el mal, la persecución que experimentó Jesús desde su nacimiento, los intentos de matarlo que padeció en su niñez y durante su ministerio, los límites de resistencia psicológica a los cuales fue llevado, las presiones morales y religiosas que soportó y la angustia que vivió en sus últimas jornadas antes de la cruz.

Es imposible dimensionar el amor de Dios por su criatura, Juan solo pudo decir “de tal manera amó Dios al mundo”. En su vocabulario no existe la palabra precisa para describir ese amor, por eso “de tal manera” fue la forma terrenal más elevada para calificar ese acto libertador y restaurador.

Hoy libres de las consecuencias eternas del pecado, tenemos paz para con Dios y los hombres. Somos libres, porque ya no estamos bajo condenación, la paga del pecado fue cancelada y vaya de qué manera.

Los libertadores americanos murieron, podemos visitar sus tumbas. Jesús también murió, pero su tumba está vacía, pues resucitó y se levantó como Príncipe de los Ejércitos Celestiales y pronto, en el corto plazo, esperamos que vuelva para concluir la historia de liberación.

Sobre Jesús y a partir de sus actos podríamos decir que le arde en el pecho el fuego sagrado del amor a la libertad, también podríamos llamarle el humanista, el precursor, el libertador y muchos otros calificativos de grandeza y triunfo, pero hay un título que le pertenece y que nadie jamás nunca podrá ostentar aparte de él: Jesús, El Salvador.

Somos libres.

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