Lavaplatos y Lavapiés

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El apóstol Juan, al recrear las últimas horas del Maestro antes de la cruz en los capítulos 13 al 17 de su evangelio, lo hace de tal forma que poco a poco uno va encontrando en el discurso de Jesús, principios que sustentaron su ministerio terrenal: amor y servicio.

Veamos un poco qué implica el servicio a partir de los eventos que sucedieron ese jueves, allá en Jerusalén.

En los tiempos de Jesús, era común encontrar a un siervo con la tarea de lavar los pies de los invitados. El trabajo era relativamente simple, en un lavatorio con agua remojaba los pies, luego los limpiaba y secaba. Parece algo rápido y sencillo, pero en ese tiempo el calzado que se utilizaba era mayormente abierto y los caminos no estaban pavimentados, así que no era una tarea tan simpática, porque además de lavar pies ajenos seguramente enfrentaba aromas poco agradables. Sin embargo, para los invitados era algo en extremo refrescante y placentero.

Cuando Jesús tomó la toalla y se dispuso a lavar los pies de sus discípulos, el impacto en ellos debe haber sido mayúsculo. Nunca se les pasó por la mente que el Maestro cumpliría el rol de siervo. A pesar de esa sensación en el ambiente, Jesús no se detuvo y comenzó a lavar los pies de cada uno de ellos, incluidos Pedro y Judas.

En este pasaje de Juan 13:4 -16 Jesús actuó en forma consecuente con sus enseñanzas. Cada palabra que había dicho durante su ministerio fue puesta en práctica. A la memoria de cada discípulo deben haber venido las palabras “Yo, el  Hijo del Hombre vine aquí no para ser servido, sino para servir a otros”. (Mar. 10:45).

Pero el relato del lavamiento no termina ahí, más bien comienza, porque una vez que Jesús lavó los pies, dijo a sus discípulos 3 cosas:

1. Vosotros me llamáis Maestro y Señor; decís bien, porque lo soy.  Pues bien, si yo, el Señor y Maestro, lavé vuestros pies, también vosotros debéis lavaros los pies los unos a los otros (v.13, 14)

Ya que le reconocían como Maestro, debían hacer lo que él les dijera, porque era bueno para ellos. Entonces ahora tendrían que hacer el ejercicio de lavarse los pies unos a otros.

Si los discípulos habían quedado paralizados al ver que Jesús lavaba los pies de cada uno, más todavía deben haber quedado ahora al escuchar el mandato del Maestro: “Lava los pies de tu compañero”.

Las escuelas de liderazgo nos están hablando sobre un liderazgo servidor, donde el énfasis está puesto en los seguidores.  El líder deja de ser el centro de atención y ayuda a sus dirigidos a lograr sus metas. Este tipo de liderazgo obtiene el poder del respeto, gratitud y admiración de los seguidores.[i] El servir a otros es la forma más simple pero a la vez más poderosa para influenciar en los demás. Jesús nunca obligó a que le siguieran, pero su actuar y enseñanzas fueron una fuerza irresistible.

2. Porque ejemplo os he dado, para que así como yo os hice, vosotros también hagáis. (v.15)

Es común escuchar interpretaciones de este pasaje aplicándolo sólo al acto de lavar los pies o como una introducción a esa actividad. Sin embargo estas palabras son mucho más profundas. Jesús no solamente se estaba refiriendo al acto de lavar los pies unos a otros, sino que estaba hablando sobre la actitud como líderes.

Comentando este acontecimiento, la Biblia New Living Translation dice: Jesús no lavó los pies de sus discípulos sólo para conseguir que fuesen amables el uno con el otro. Su más grande meta era extender su misión en la tierra después de su partida. Estos hombres tenían  que ir por el mundo sirviendo a Dios, sirviendo a unos y a otros y sirviendo a todas las personas a las cuales dieran el mensaje de salvación.

Ahora seguramente a nosotros se nos vienen las palabras “Porque incluso Yo, el  Hijo del Hombre vine aquí no para ser servido, sino para servir a otros y dar mi vida como rescate por muchos”.

David Hormachea dice “el padre que no sirve, no sirve”.[ii] Esta frase, que pareciera redundante, encierra un mensaje que no nos deja indiferentes porque perfectamente se puede modificar a: “el anciano de iglesia que no sirve, no sirve”, “el dirigente de iglesia que no sirve, no sirve”, “el pastor de iglesia que no sirve, no sirve”.

¿Qué tienen en común un padre, un anciano, un dirigente, un pastor? Pues, que todos están en una posición de liderazgo. ¿Estoy en una posición de liderazgo? Un buen líder no es quien tiene más seguidores, sino el que a más personas sirve.

3. Ahora que sabes estas cosas, Dios te bendecirá por hacerlas (v.17)

¿Estás dispuesto a seguir a Jesús de Nazareth como modelo de servicio? Quizás el mirar el rito de lavar los pies desde otra perspectiva, sea el punto de partida para una vida de servicio.

Entonces, ahora que sabes estas cosas, Dios te bendecirá por hacerlas.

A modo de conclusión, a veces llama más la atención participar en las cosas espirituales o elevadas, descuidando áreas tanto o más importantes y trascendentes. Por eso el consejo es sabio: Es apropiado unirnos a nuestra esposa haciendo tareas que modelen nuestra actitud de servicio y tomemos el lavaplatos y no sólo el lavapiés.[iii]

Es una buena forma de comenzar.


[i] FISCHMAN, David.  El Camino del Líder,  Aguilar Chilena de Ediciones Ltda., Santiago, 2001.

[ii] HORMACHEA, David, conferencia “¿Es su actitud realmente apropiada?

[iii] HORMACHEA, David, conferencia “El Hombre Siervo”

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